En “El diseño de la mala información”, Mark MacKay propone dos conceptos útiles para dimensionar el diseño de información: el mal diseño de información y el diseño de la mala información. El primero se refiere a informar con imprecisión; el segundo, a dar información imprecisa. (En el original, Mark habla de información falsa.) Naturalmente, el buen diseño de (buena) información, consiste en informar con precisión (determinación, exactitud, puntualidad, concisión), utilizando información precisa (puntual, fija, exacta, cierta, determinada).
En un sistema coordenado compuesto por la “precisión del diseño” (eje x) y la “precisión de la información” (eje y), veríamos que: I) al buen diseño de información le correspondería el primer cuadrante; II) al mal diseño de información el segundo; III) el tercer cuadrante sería para todo texto fantasioso e incongruente; IV) y el cuarto cuadrante sería para el diseño de la mala información. De modo heurístico se podría insertar cualquier diseño (de información) dentro de esta gráfica (imaginaria): bastaría con asignar un valor a cada una de las características del diseño (redacción, composición, referencias, utilidad, costo, distribución, belleza). Pero, como Mark lo indica en su texto (¿post?), hace falta una dimensión: la ética (“El buen diseño de información implica necesariamente información honesta y veraz”).
El gobierno es una fuente inagotable de ejemplos de buena factura (con datos de primerísima mano), que sin embargo, no pueden ser considerados buenos diseños de información: Los informes de gobierno, la información sobre la liquidación del SME, los textos sobre el rescate bancario, las campañas de concientización social. El SME era un lastre para México (sí, ¿pero por qué no irse sobre otros sindicatos?); no rescatar al sistema bancario hubiera sido mucho peor (sin duda, ¿pero por qué no hubo responsables?); la corrupción sigue porque la gente no denuncia (claro, pero como lo menciona Gabriel Zaid: “Para excusar los abusos del poder, se dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”).
Producir buen diseño de información no es fácil. Como lo menciona Mark, el diseño puede dar autoridad a la estupidez (o retirársela a la verdad); pero también se puede omitir información; restringir el acceso a ella; simplificarla hasta la insignificancia; descalificar a quien la critica. Por esto las buenas intenciones no bastan. Un ignorante que tiene ganas de ayudar, es más útil si no estorba; y un pasante rara vez puede dar autoridad (gráfica) a un texto. Producir buen diseño de información no es fácil, pero tampoco es imposible. (Y hay que intentarlo, aunque sólo sea por dignidad del oficio.)
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