Tal vez pocos sepan que Mac, antes de ser una empresa “basada en diseño”, es decir, dar lo mismo que otros de manera más “estética y funcional”, fue una empresa que desarrolló tecnología propia, que abrió el camino de los videojuegos basados en software, de precios razonables, compatible con todo, escalable, sin defectos de producción, y abierta a correr cualquier tipo de software. Y claro, también fue la computadora más vendida en el mercado, éxito basado en el diseño de hardware, en el genio de un hombre que diseñó y programó todo desde cero, en papel. Para su mala suerte (de Mac y Wozniak), una administración feudal, un departamento de marketing sin conocimiento del producto, y un cofundador que no acabó ni la universidad, tuvieron mayor peso en la dirección de la empresa, lo que los llevó varias veces al borde de la quiebra. Sorprendentemente, hasta los diseñadores de información, defensores a ultranza del lema “la función es primero”, aplauden de pie a Steve Jobs, e ignoran olímpicamente a Stephen Wozniak. Ver para creer.
De igual forma, pocos (diseñadores) saben realmente lo que fue la imprenta aldina: Uno de los primeros negocios de producción en serie de alta calidad. Aldo Manuzio, profesor de griego en la Italia renacentista, al no encontrar una edición decente de las obras griegas que necesitaba (y amaba) para dar clases, se lanzó a la empresa de crearlas él mismo. Para esto, Aprendió el oficio de impresor; consiguió capital de riesgo; reunió un Dream Team intelectual para editar las obras; creo vías de distribución; métodos publicitarios inéditos tales como imprimir catálogos en los libros e incluirles dedicatorias a personajes famosos; logró que sus libros fueran baratos y a la vez apreciados por la élite social; fue un pionero en la entonces recién nacida industria del diseño editorial, innovando en márgenes, aumentando el catálogo de tipos disponibles, alejándose del estilo del códice. En fin, un tipazo que ha hecho del delfín y el ancla (Festina lente) una filosofía de lo que debería ser el trabajo editorial. Con todo esto, es de sorprenderse que, en La historia del diseño gráfico de Meggs, sólo se le mencione durante la estadía en su imprenta de un fundidor de tipos llamado Francesco Griffo, el cual toma el papel estelar por haber fundido el primer tipo cursivo, estilo que por cierto ya existía en las obras del scriptorium. Por cuestiones de dinero y derechos de autor, Griffo deja finalmente la imprenta de Manuzio, y Meggs concluye este capítulo diciendo: “Con la separación de este editor-impresor y su brillante diseñador [Griffo], llegó a su fin la innovación en el diseño gráfico en Venecia.”
Y ejemplos como estos son la regla de la percepción del diseñador, que se presume paladín de la eficiencia y la eficacia, pero como a todos los demás (changos y personas por igual), lo que le llama la atención son los objetos brillantes. Por eso, admira la imagen desenfadada de Google y sus métodos poco ortodoxos de trabajo, pero ignora sus verdaderos éxitos, su triunfos en el área de la biblioteconomía, al lograr una manera inteligente de indexación por medio de software y no de humanos (cosa que hacía Yahoo), y su logro administrativo y económico al crear un modelo viable de ganancias para un motor de búsqueda, pues hay que recordar que los buscadores anteriores a él, tuvieron que recurrir a la creación de portales para poder cobrar algo de publicidad. Por eso también, cuando hay que ilustrar algún detalle de ingeniería aeronáutica, se recurre a las imágenes de Leonardo da Vinci y no de los hermanos Wright, aunque como todos saben, los modelos de Leonardo no servían. Un último ejemplo: La cuasi Tabla Periódica de los Tipos, que muestra un conjunto de cien tipos ordenados por familia y por popularidad. Como principio de cuentas, este método de “orden” no es nuevo, pues como dice Jessica Helfand, está de moda utilizar el esquema de Mendeléiev para organizar desde el hardware hasta el cereal; luego, tampoco es útil, pues a diferencia de la tabla original, no sirve para la enseñanza, ni tampoco para la predicción, y mucho menos para la referencia, pues poco aporta a los que a diario trabajan con tipos; y por si fuera poco, nada aporta al campo de la infografía, pues no hay un esfuerzo, como sí lo hubo en la tabla de Mendeléiev, para conciliar todas las variantes que tienen los tipos, sino que simplemente, se le dan prendas de seda a un mamotreto de tipos que de poco o nada sirve. Como dice Helfand (y con esto termino pues escribir sí es cansador):
The appeal of information design is that it offers instant credibility.This is the domain of numbers and bullets and charts and graphs, ordered lists that visualize the obvious. Information design is rational and authoritative, classified and controlled to within an inch of its life: everything in its place and a place for everything. Label it information design and it looks serious. Number it and it looks scientific.
But it’s a false authority, particularly because we buy into the form so unquestioningly. Perhaps this is why so much information design looks alike, ratified by an alarmingly robust strain of Swiss modernism that obliterates the chance for a more expressive design idiom, a more content-driven form. It’s also annoyingly ahistorical—unconcerned with earlier sources and ignorant of alternative models that would, arguably, introduce a more original point of view.
Information design has become its own legitimizing force, regardless of its content or context. It’s modernism run amok: form masquerading as content.
Haz patria, pon en evidencia a un diseñador de información (visual).
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