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Cártel y cartel

Philip B. Meggs, en su Historia del diseño gráfico, documenta un duelo a fines del siglo XIX, entre el gremio de tipógrafos y el de artistas, que culminó (temporalmente) con la derrota de los tipógrafos:

Los impresores con tipos y admiradores de la buena tipografía e impresión estaban asombrados del lenguaje de diseño que surgió con el crecimiento de la litografía. El diseño se hacía sobre el tablero de dibujo del artista en vez de la cama metálica de la prensa del compositor. Sin tradiciones y sin los límites de la impresión con tipos, los diseñadores cromolitográficos podían inventar cualquier tipo de letra a su antojo y hacer que las letras describieran ángulos y arcos o se desbordaran justo sobre las imágenes. Además, el litógrafo tenía una gama ilimitada de colores brillantes y llenos de vida que como tales no se habían visto en las comunicaciones impresas. No es sorprendente que la cromolitografía comenzara a desalojar del mercado, por la fuerza, a los carteles tipográficos (p. 208).

Al igual que la cromolitografía, la linotipia, la fotomecánica, la impresión digital y las publicaciones electrónicas, han sido tecnologías que han reconfigurado el mercado del diseño gráfico. Donde antes mandaba el impresor, ahora lleva la voz cantante el gerente de marketing, y donde antes había un estudio para el diseñador, ahora hay una computadora operada por cualquier fulano que “sabe” usar Photoshop. De una tarjeta de presentación salen lonas, y de los trípticos salen también estampas y volantes. Los carteles que sí salen a la calle, no están hechos por diseñadores de renombre (o talento), sino por practicantes que estorban más de lo que ayudan (pero cobran poco o no cobran). La (poca) creatividad (que queda) para el gran público, está ahora en la televisión (principalmente en los comerciales), que es ahora el medio más confiable (¿práctico?, ¿eficaz?) para transmitir mensajes (para quien puede pagarlos). Gracias al Internet, las revistas van de salida, incluso en los pequeños (e incivilizados) municipios de Puebla. El tablero del diseño gráfico se reacomoda constantemente.

En México, a diferencia de gremios fuertes como el de médicos y abogados, que pueden castigar al que ejerza el oficio sin licencia, el de diseñadores sólo puede recurrir al discurso (a veces académico) para proteger su mercado. (Discurso que de poco ha servido para crear un cártel efectivo.) Tristemente, aun cuando el diseño sólo se realizase por diseñadores, difícilmente se podría asegurar una mejor práctica (con mejores resultados). Por un lado, carecemos (en México) de sistemas de acreditación que garanticen un mínimo de calidad (como en Canadá), y por otro, cada innovación tecnológica en la impresión o en la distribución digital de información, pone en peligro el (poco) orden establecido, pudiendo dejar a expertos en cierta técnica de producción, incapaces de producir en los nuevos medios.

La universidad (en México) es también un factor que entorpece más de lo que ayuda a que el mercado se amarchante al diseñador. Aunque el cartel de estudio es ya un objeto exclusivo de salas de exposición (y algunas calles bonitas), sigue ocupando un lugar preferente en la práctica académica. Del mismo modo, incapaces de aprender los nuevos métodos de producción, los profesores (herederos de los artistas-conquistadores que vencieron a los tipógrafos), han optado por ignorar el cambio de paradigma, o peor aún, intentan abordarlo administrativamente: que el trabajo sucio lo haga alguien más, un subordinado (técnico) incapaz de diseñar, pero que conozca todas esas fórmulas (by the book) que sólo quitan tiempo al verdadero trabajo creativo (que es el de organizar).

Una estadística interesante sería el porcentaje de programadores de oficio que publican textos de diseño electrónico (por llamar de alguna manera al diseño para dispositivos móviles, videojuegos, sitios web, pantallas de alta definición, etc.) contra el porcentaje de diseñadores licenciados que participan en el mismo rubro. Sólo Dios sabe (o mejor dicho, sólo Dios puede sacar la cuenta).

* * *

Al igual que dos o tres ilusos, realmente creo que no hay nada genético que le impida al mexicano hacer las cosas bien. Culpar a la cultura es también dejar mucho a la imaginación: si algo nos ha fastidiado, es la falta de recursos útiles y pertinentes (bibliotecas, medios de producción, calorías). Aunque poco puedo hacer, he aquí un par de textos:

1)      En el sitio http://www.peachpit.com/safarienabled se puede introducir el siguiente código: NKHVKEH para obtener gratuitamente (durante cuarenta días) el libro Do Good Design: How Designers Can Change the World, de David B. Berman

2)      Aquí el link del primer capítulo de ActionScript 3.0 for Adobe Flash CS4 Professional (de la serie Classroom in a Book, de Adobe).

3)      Felices trazos.

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5 Comments

  1. Ronch wrote:

    Pos se ve chido.
    Supongo tú modificaste el blog a tu antojo.(bueno el theme pues)

    Friday, November 20, 2009 at 11:39 am | Permalink
  2. Roach wrote:

    Está chingón. Creo es lo más inteligente que has escrito jaja.

    Friday, November 20, 2009 at 11:49 am | Permalink
  3. el coruco wrote:

    Gracias gracias! el estilo del blog me lo encontré gratis en el interné (y madres, que se convierte en gangoso).

    Friday, November 20, 2009 at 4:31 pm | Permalink
  4. Socio wrote:

    Bien dicho socio

    Tuesday, November 24, 2009 at 10:32 am | Permalink
  5. el coruco wrote:

    Gracias socio!

    Tuesday, November 24, 2009 at 11:48 am | Permalink

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