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Bloopers

1. En El libro y sus orillas, Roberto Zavala Ruiz, dice lo siguiente sobre las llamadas y notas en un texto: “Las llamadas y notas deben indicarse con números volados, sin puntos ni paréntesis. […] En todos los casos, las llamadas irán después de los signos de puntuación.”

Del mismo modo, Alberto Montaner, en su Prontuario de bibliografía, escribe lo siguiente sobre el método de citas en notas: “Las llamadas de nota aparecen en el texto en forma de número entre paréntesis o, preferentemente, de números arábigos volados, situados en su caso, tras los signos de puntuación.”

Por último, en su Manual de diseño editorial, Jorge de Buen dice lo siguiente sobre el uso del asterisco como (primera) llamada de nota: “Si en una obra aparecen constantemente más de tres llamadas de nota por página, es conveniente ponerlas con números. En esta función, el asterisco puede colocarse suelto: … al pronunciar las vocales,* o entre paréntesis: al pronunciar las vocales (*), según el siguiente criterio: si va suelto, debe ir siempre después del signo de puntuación […]. En cambio, si va entre paréntesis, precede a la puntuación, pero no a la interrogación ni a la exclamación.

Dicho esto, uno no se explica por qué sellos editoriales tan importantes como Joaquín Mortiz, Siglo XXI Editores o Taurus (que no lo es tanto) hacen esto:

Alberto Manguel, Una Historia de la lectura (Ed. Joaquín Mortiz)

Alberto Manguel, Una Historia de la lectura (Ed. Joaquín Mortiz)

Juan Delval, Los fines de la eduación (ed. Siglo XXI Editores)

Juan Delval, Los fines de la eduación (ed. Siglo XXI Editores)

Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (eds.), Historia de la lectura en el mundo occidental (ed. Taurus)     Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (eds.), Historia de la lectura en el mundo occidental (ed. Taurus)

Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (eds.), Historia de la lectura en el mundo occidental (ed. Taurus)

De estos tres ejemplos, sólo en la editorial Taurus parece ser un lineamiento editorial el anteponer la llamada a los signos de puntuación. Para Joaquín Mortiz y Siglo XXI editores, este manejo ortotipográfico es un caso aislado (en otras publicaciones, siguen el canon editorial mencionado al inicio).

2. En Las políticas de lo artificial, Victor Margolin presenta su obra como “una contribución a la literatura sobre estudios de diseño”, y “ejemplo de cómo puede trabajar el experto en el tema”. Desafortunadamente, tanto a Margolin como a sus editores (Designio en español y la University Of Chicago Press en inglés), se les pasó un error garrafal que destiñe un poco la imagen del experto. En su ensayo “Los dos Herberts”, Margolin cambia las palabras (y el sentido) de Herbert Marcuse al momento de citarlo, poniendo:

"Los dos Herberts", en Las políticas de lo artificial, de Victor Margolin

"Los dos Herberts", en Las políticas de lo artificial, de Victor Margolin

En lugar de:

El hombre unidimensional, Herbert Marcuse

El hombre unidimensional, Herbert Marcuse

A cualquiera se le va este tipo de errores, pero el hecho de que el gol se le haya pasado al primer académico en obtener un doctorado en historia del diseño (en Estados Unidos), al editor de una  casa de estudios tan importante y al traductor de la menos importante editorial Designio, ya da una imagen de cómo están las cosas en el mundo de los libros académicos por estos días.

3. Un último caso, es la bibliografía del artículo “National Currency as Rhetoric: The Peso”, publicado en Visible Language volumen 32, tomo 3 (1998), escrito por una ex profesora de la UDLA, Martha Salazar. (Cabe mencionar que este número está coeditado por otra –excelente- ex profesora, María González de Cosío.) Veámosla:

“National Currency as Rhetoric: The Peso”, publicado en Visible Language volumen 32, tomo 3 (1998)

“National Currency as Rhetoric: The Peso”, publicado en Visible Language volumen 32, tomo 3 (1998)

Lo primero que hay que notar, es el pochismo que reina en las tres entradas, pues tanto el título de la primera, como el lugar de impresión de la primera y la tercera, así como la descripción de la segunda, están escritos parte en español, parte en inglés (Historia del papal moneda in México; Mexico, D.F.; Volume 9. Tercera Edición).

El siguiente detalle a notar, es cómo inicia la segunda entrada, por el año de publicación, lo cual a todas luces es incorrecto. Dice Alberto Montaner que, en el sistema de citas “autor y año” (también conocido como sistema Harvard o sistema norteamericano), se puede poner, en la lista de referencias, el año de publicación después del nombre del autor, esto, para facilitar su consulta. En el caso de la segunda entrada, no es que no tenga autor, sino que más bien, tiene varios, y ninguno (supongo) es el responsable de organizar la obra, por lo que el título de la obra debería encabezar la entrada, antes del año de publicación, pues de otro modo, entorpece su indexación.

Para notar el tercer detalle, es necesario remitirse al texto, donde  no hay una sola referencia hacia el Bulletines, del Banco de México, por lo que, según las reglas editoriales de Visible Language, debería ir aparte, en una lista llamada “Additional Bibliography”.

Al igual que en el ejemplo anterior, estos detalles escaparon a varios académicos: a una maestra en teoría del diseño por la UDLAP (Martha); a María de Cosío, directora de esa maestría (que también tenía el grado de maestra en teoría del diseño y otro más en enseñanza del arte); a Sharon Helmer Poggenpohl, profesora del Illinois Institute of Technology y editora del journal; y a toda una lista de revisores entre los que están Aaron Marcus, James Hartley, Patricia Wright, Charles L. Owen y otros veinte que más bien son prestanombres, no revisores de verdad (o igual y no siempre son los mismos, aunque en ese caso, no debería incluírseles en la lista).

Quedo a deber una reflexión sobre estos “detalles”, y dejo solamente una dedicatoria:

A nuestros maestros que reprobaron la prueba para asignación de plazas, que son casi el setenta y cinco por ciento de los que aplicaron. Bien muchachos.

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2 Comments

  1. Mark wrote:

    Yo más bien sospecho un cambio de edición o error de traducción en la versión de Margolin. Si bien el artículo fue escrito a principios del 2000 (no sé cuando exactamente), Margolin cita la primera edición del Hombre Unidimensional en inglés (Beacon Press, 1964).

    Wednesday, September 9, 2009 at 2:15 am | Permalink
  2. admin wrote:

    Ese Mark.

    Sí, al principio tuve la misma idea “políticamente correcta” de que era algún error editorial, y no de la rigurosa “práctica” académica de Margolin, pero las pruebas apuntan hacia lo contrario: El error no sólo es cosa de falta de atención al momento de transcribir (lo cual ya es malo), sino el error viene de una pésima lectura tanto de Marcuse como de Simon.

    Hechos:

    1. La edición que mencionas, la de 1964, no sólo es la primera en inglés, es la primera, como se puede ver en la entrada Der eindimensionale Mensch de la Wikipedia. En las reimpresiones de 1966 y 1970 que tienen en la biblioteca de UDLA, no se menciona traductor alguno, el documento se escribió originalmente en inglés. Lo mismo se puede decir de la segunda edición reimpresa en 1991 (por la misma editorial), que es la que se vende en Amazon, que fue de donde saqué el texto que puse en el blog. Así que no puede ser por algún error de traducción en el documento original de Marcuse.

    2. Rara vez reviso las fuentes de los libros que leo, salvo que se me hagan muy interesantes, o que me parezcan tonterías, como en el caso de Margolin. EL texto que tengo de Margolin está en español (Designio), y lo primero que hice fue buscar el texto original de Marcuse (en español) para leerlo (casi) de primera mano. Conseguí la que publicó editorial Ariel (pésima) para comparar, y la diferencia era grave: de ser “Al contrario, toda realidad establecida se opone a la lógica de las contradicciones” en Marcuse, pasó a ser “La realidad dada tiene su propia lógica de contradicciones” con Margolin. Aún aquí tenía la duda de que fuera una mala traducción la de Ariel (digo, si según ellos el libro es de 1954…) , por lo que decidí revisar los textos en inglés (en su original) por medio de Amazon, y el resultado fue el mismo, el error seguía ahí. El sentido de la cita es otro, que contradice la teoría de Marcuse.

    3. Errores en los libros en estos tiempos, se encuentran como los días con tráfico en el D.F., son cosa corriente, pero realmente el texto de Margolin es una ofensa a la inteligencia. No voy a entrar en detalles aquí, pero comparar el planteamiento lógico de Simon con la lógica Aristotélica (o de una sola dimensión o formal), es estúpido; tanto así, que Simon propone métodos heurísticos, no reducibles a lógica formal, propone un método de diseño basado a tientas, a tirar respuestas sin saber realmente qué se busca (diseño sin objetivos). Del mismo modo, Simon pone en tela de juicio la utilidad de la lógica formal para resolver problemas éticos u ontológicos. Y habla de los límites de la simulación, que es la función principal de lógica formal en su tratado sobre inteligencia artificial.

    Por último, mi idea de que Margolin lee muy mal los textos, tampoco es gratuita. En su último artículo publicado en Design Issues, “What is the use of history?”, dice lo siguiente:

    With a large number of teachers who come from practice and direct their teaching of design history to future practitioners, there is a strong emphasis on narratives that limit the field rather than broaden it. This focus has positive and negative consequences: it makes the history of a particular practice more engaging for future designers, but it simultaneously obscures the relation of that practice to other fields of design and to the wider history of society […]

    Lo cual a todas luces va en contra del planteamiento actual del conocimiento, incluido por cierto, en el mismo texto de Marcuse:

    El pensamiento no tiene poder para provocar tal cambio a no ser que se trascienda a sí mismo entrando a la práctica, y la misma disociación de la práctica material en la que se origina la filosofía, le da al pensamiento filosófico su cualidad abstracta e ideológica.

    EL concepto de conocimiento por el conocimiento mismo es un mito aristotélico, pero como Margolin va por los premios académicos, ni siquiera por el conocimiento, no lo nota (tanto en este texto como en el que cito anteriormente, apunta hacia una “dignificación” del académico del diseño). Este tipo es una pena para la crítica del diseño. Deberías leer este último texto, es una mugre, no propone nada, se contradice, y además busca la creación de nuevos “curules” académicos.

    Wednesday, September 9, 2009 at 3:08 pm | Permalink

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