Quejas, críticas, descontentos, desaires, detalles y lo que venga después de la crisis. Exemplum docet.
Primera parte
Veo nuevamente Spirited Away. Por primera vez, logrado ver cierto guiño (muy extraño) a la historia de Hansel y Gretel (“esos dos niños idiotas del cuento”, como dijera Violet Baudelaire). Movidos por la curiosidad, el hambre y la seguridad que da el dinero, los padres de Chihiro (la protagonista de la historia) son convertidos en cerdos después de sentarse a comer (como cerdos), en un puesto que pareciera no tener dueño. La vida de los padres de Chihiro depende de una bruja (como en Hansel y Gretel), Yubaba, quien espera a que estén lo suficientemente gordos para poder cocinarlos. El estómago juega en esta película un rol importante, pues los actos heroicos de Chihiro, están siempre relacionados con la limpieza del organismo (y por qué no decirlo, del espíritu). La misma Chihiro, sólo come arroz blanco (gohan), pan, y té.
El miedo de perder a un familiar en la cocina, me lleva a recordar un libro, Wicked, de Gregory Maguire, que habla sobre la historia de la (Malvada) Bruja del Oeste. Dícese en él que, durante su juventud, Elphaba (la bruja) fue activista de los derechos de los Animales, especie muy similar a los animales, con la pequeña diferencia de que los primeros tenían la misma capacidad de raciocinio que los humanos. Dada la gran similitud con los animales, la gran mayoría de la población tiende a tratar a los Animales de igual forma, como bestias de carga, como mascotas, o peor aún, como alimento. Años después, ya mayor, y con la causa perdida, Elphaba conversa con un Animal que ha sido entregado a su hermana menor (Nessarose, la Bruja del Este), quien le pone al tanto de cómo están las cosas con los Animales:
Querida, tengo las ubres escocidas de sus diarios tirones. Me exprimen la leche por la mañana y por la noche. No entraré en detalles de lo que significa ser montada por un… déjelo, no importa. Pero lo peor de todo es que a mis hijos los han engordado con leche y los han matado por su carne. ¡Podía oír sus gritos desde el matadero! ¡Ni siquiera se molestaron en llevarme a donde no pudiera oírlos!
Muy triste. La verdad es que no sé por qué tengo este libro en la “sección de para niños” de mi pequeño librero. Devuelvo el libro de Wicked a su lugar, y tomo ahora un libro del ya he copiado fragmentos en este blog, Las otras lecturas, conjunto ensayos sobre el acto de leer, escritos por distintos profesionistas relacionados con la lectura: un físico, un payaso, una titiritera, una dramaturga, un cuentacuentos, una maestra, un músico, un escritor, un actor, y así. En “Los enigmas de la escena teatral”, ensayo escrito por Berta Hiriart, encuentro un párrafo aún más tétrico que el anterior de Wicked:
No tienen idea. La mayoría de los adultos piensan en abstracto. Pero yo me acuerdo como si hubiera sido ayer del dolor que me invadió el día en que llegué del kínder y encontré a mi tía Flora cuchillo en mano destazando a Camilo, el ser más adorable que pudiera existir. Lloré tres días al hilo mientras los mayores no hallaban mejor argumento para tranquilizarme que “Un guajolote es sólo un animal; no tiene nada de malo comérselo, igual que a las vacas o a los puercos”. Esas experiencias sí que te marcan. No sólo me volví vegetariana sino que a partir de entonces me mantuve a una prudente distancia de mi tía. Su imagen con el cuchillo en alto se parecía a una ilustración de mi catecismo, en la que Abraham, con el cabello volado y cara de loco, se encontraba a punto de sacrificar a su propio hijo.
Al releer a Hiriart una vez más, me pregunto, entre tantas cosas, cómo es que llegó este libro a mí. La respuesta llega rápido. El editor de este libro de ensayos es Rodolfo Castro, de quién ya había adquirido un libro, La intuición de leer, la intención de narrar, mismo que llegó, como recomendación de Juan Domingo Argüelles, en su libro ¿Qué leen los que no leen? El poder inmaterial de la literatura, la tradición literaria y el hábito de leer. Excelente libro. Sorprendentemente, también me llegan a la memoria los libros que compré por recomendación de Rodolfo Castro, o mejor dicho, de los escritores que editó: Escribir para niñas y niños, de Berta Hiriart; ¡Qué científica es la ciencia! De Sergio de Régules, y Los días y los libros, de Daniel Goldin, este último, por ser de la misma colección (Croma Paidós) que todos los anteriores, pues no tenía idea de quién era el autor. Aunque los tres libros son importantes para mí, el de Daniel Goldin es especial (y ya platicaré el por qué en otra ocasión).
Para refrescar mi mente, ojeo una vez más el libro de Goldin, y encuentro, tal vez no de manera casual, que puedo seguir en la línea en la que ha iniciado este post. En su tercer ensayo, “La invención del niño: digresiones en torno a la historia de la literatura infantil y de la infancia”, Goldin habla sobre las versiones originales de las historias de Perrault, que hasta entonces, no conocía:
Sangre a borbotones, violencia física y verbal, deseos perversos, crueldad, incesto, hambre y miseria se encuentran en ellos hasta decir basta, y son expresados de un modo tan crudo, que harían palidecer a buena parte de las puericultoras, maestras y bibliotecarias encargadas de los programas de lectura para la infancia.
Significativamente, casi todas las referencias sobre Perrault, Goldin las toma del libro más famoso de Robert Darnton, La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, título que tampoco desentona con el terror que uno encuentra en literatura para niños.
Para terminar, he de decir, que para mí Goldin no fue un descubrimiento, sino un reencuentro. Poco me interesan los cargos o títulos de los escritores que leo: mi escritor favorito es un empresario que estudió ingeniería industrial, otro más, llegó a la preparatoria. El tercero no terminó la primaria. Otro más obtuvo una licenciatura en letras inglesas. Y sin embargo, el cargo de Goldin me sorprendió. Descubrí que era el encargado del catálogo infantil del Fondo de Cultura Económica, en el que se incluye la colección “A la orilla del viento”, dedicada a los libros ilustrados, y de la cual nace un concurso anual para crear un libro de la colección, concurso en el que alguna vez quise participar, y por el cual comencé a comprar libros sobre libros, y a conocer más a fondo la literatura infantil, y lo que eventualmente, entre otras razones, me llevó a escribir este blog. Ah, sí, y también me llevó concluir mis estudios, con una tesis sobre la inutilidad del diseñador de información en la literatura para niños.