hay que dudar de los milagros de la educación:
En 1987, según el diccionario biográfico del gobierno mexicano, de los 1,156 funcionarios más altos del poder ejecutivo, 98% tenían estudios superiores (más de la mitad en la UNAM) y 48% posgrados (más de la mitad en el extranjero); 70% tenía experiencia académica (docencia, investigación), 60% pertenecía a academias y organismos semejantes, 30% había publicado libros; sólo 4% había tenido cargos públicos de elección; ninguno estaba afiliado a un partido de oposición; la mitad había nacido en la capital, y no había hijos de campesinos ni de obreros: predominaban los hijos de profesionistas y eran comunes los matrimonios con otros profesionistas. Para cerrar el año, el Supremo Sinodal (Miguel de la Madrid) escogió como sucesor a un doctorado (Carlos Salinas de Gortari), por primera vez en la historia de México.
Dicho esto, Gabriel Zaid hace una pregunta pertinente: “Nunca jamás se había llegado a tanta preparación en el poder. Con resultados, sin embargo, que obligan a preguntarse: en beneficio ¿de quién?”
En The Microeconomics of Income Distribution Dynamics in East Asia and Latin America, Nora Lustig, Arianna Legovini y César Bouillón muestran un hecho paradójico: En México, tener más años promedio de escolaridad y menor desigualdad en el acceso a la educación, ha contribuido al aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso.
Una razón es la situación geográfica: la ciudad tiene mucha mayor oferta educativa que cualquier área rural, misma que también está golpeada por el lado de la demanda: al tener a una población más pobre, son menos los que tienen los recursos para darse la oportunidad de estudiar. A esto se agrega el hecho de que los profesionistas tienen más oportunidad de mejorar su ingreso en la ciudad. Otra es el surgimiento de la “casta universitaria”. A mayor educación, la posibilidad de mejorar el ingreso aumenta, pero sólo arriba de los doce años de educación, es decir, al llegar a la universidad. Con un mayor ingreso, es más fácil que el hijo de un universitario llegue a ser también universitario. De igual modo, es baja la movilidad que hay entre los miembros de diferentes grupos de ingreso, lo que significa que los universitarios tienden a “relacionarse” con otros universitarios. Javier Beristain muestra que el gasto que se hizo en el 2000 en educación superior por alumno, fue cinco veces mayor al que se hizo en primaria, lo que “favorece, desproporcionadamente, al X decil [los más ricos], en el que se concentran los estudiantes universitarios”.
Aunque lo lógico pareciera reasignar recursos favoreciendo a la educación primaria (como lo recomienda Beristain) para mejorar la distribución, el quitarle recursos a la universidad tendría también efectos desastrosos, como lo menciona Rebeca Grynspan:
[…] la idea de que es posible ir por etapas, cubriendo en primer término la escolaridad primaria y, una vez alcanzado el objetivo, dedicándose a la secundaria, para luego pasar a la educación superior, tampoco parece ser eficaz. En definitiva, esa gradación puede llegar a dejarnos 50 años atrás en el desarrollo y en la competitividad en este mundo global que, por el contrario, requiere mayor investigación, adaptación y desarrollo de los más altos niveles de educación.
Desafortunadamente, el inyectar nuevos y mayores recursos a la educación (que es lo que recomienda Grynspan y ha hecho el Estado), ha resultado infructuoso.
Que en México el promedio de lectura ande por los dos libros al año, no concuerda con el gasto del 7% del PIB en educación que está por arriba del promedio de la OCDE (5.8%). Como lo menciona Gabriel Zaid, la Encuesta Nacional de lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (2006), muestra que de los universitarios entrevistados (incluidos los que no terminaron sus estudios):
El 18% dice que nunca ha ido a una librería; el 35% dice que no lee literatura en general; el 23% que no lee libros de ningún tipo; el 40% que no lee periódicos; el 48% que no lee revistas; y el 7% que no lee nada: ni libros ni periódicos ni revistas. El 30% dice que no gasta en libros, el 16% que gasta menos de $300 al año. O sea que la mitad de los universitarios prácticamente no compra libros.
Y esta es la crema y nata de la sociedad, nuestra sobre laureada casta universitaria, que con sus ingresos privilegiados, ha logrado, de 1940 al 2004, reducir de 922 a 187 las librerías por millón de universitarios. Y vamos en picada.
En teoría, a mayor educación, mayor productividad y mayor ingreso. Pero el desinterés del universitario por los libros, que son el medio más económico (y a veces el único) de distribución de tecnología, hace pensar que lo que buscan es el mayor ingreso sin la necesidad de mayor productividad: la universidad como el camino al queso. Esto tampoco es novedad, pues como lo recuerda Alfonso Reyes, esto ya era común en el México de Porfirio Díaz:
Había otras razones para que la carrea de leyes atrajera un contingente subido: las leyes parecían una aproximación a las letras, que no tenían refugio académico. El muchacho que acertaba a concordar cuatro consonantes por los corredores de la preparatoria, había descubierto su vocación de abogado. Con la ayuda de la suerte y también de buenos valedores, era fácil que, en alcanzando el título, no tuviera que ejercerlo realmente sino que, en méritos a su “facilidad de palabra” (fórmula de la época), Don Porfirio lo mandara elegir diputado por cualquier región inverosímil.
Pero aun cuando la educación sea tomada sólo como el camino al queso, las cosas tampoco pintan bien. Nora Lustig afirma que la desigualdad en el ingreso como efecto de mayor igualdad en la educación, es un efecto pasajero, que conforme aumente el número de años promedio de escolaridad, la distribución del ingreso será más equitativa. A casi diez años de esta predicción, estamos en condiciones de saber si Lustig tenía razón: La tuvo. Aunque el sistema educativo público sólo puede atender a un dieciséis por ciento de la población, la proliferación de universitarios ha creado una sobre oferta que ha puesto sus ingresos a la par de otros ciudadanos con menor educación, como los choferes, secretarias y afanadores. De hecho, parte de la población universitaria ha pasado a tomar estos empleos, mientras que otros han tenido que llegar a niveles educativos más altos (maestrías, doctorados), e incluso hacer uso de otros métodos de diferenciación (belleza, parentesco, amistades, influencias).
Antes de seguir buscando culpables, habría que ver quién anda en peores pasos, la clase política o la clase universitaria. (A quién engañamos, es la misma.)


7 Comments
No soy muy afecto a los estudios que dicen que los mexicanos leemos poco. No es que no sea cierto, lo es.
Los libros a final de cuentas son un medio, como la tele, el radio, y todas esas cosas. Lo chulo de los libros es que un porcentaje bastate alto de su acervo es cultura de calidad: si entras a una biblioteca y escoges un libro al azar, será más probable que sea algo de calidad que si entraras al archivo de Televisa, por ejemplo.
Lo que muchos no entendemos es que la atención que podemos poner a algún medio es un bien finito, hay gente que ve televisión para “matar el tiempo”, que dios los perdone.
Hay que saber escoger cosas de calidad en cada medio que consumes (ya sea internet, periódicos, tv, radio, etc). Y todo esto para concluir que vale madres que leamos dos libros al año, porque seguramente uno será Juventud en Éxtasis y el otro será Cien años de soledad (el cáncer de la redacción en latinoamérica, le llamaba un amigo).
Gracias por subir el artículo de ‘la Nora Lustig’, me lo chuté todo. Mi conclusión más bien fue: lleva más escuelas a las partes rurales. El ingreso en el campo sube significativamente hasta llegar a los 12 años de escolaridad (curiosamente baja si tienes un doctorado). El promedio de escolaridad rural era de 4.5 años en el ’94, poco más de la mitad que la escolaridad urbana.
Y me sorprende que diga que Progresa sirve de casi nada. Claramente no es una redistribución arbitraria de riqueza el percentil más alto al más bajo, es un incentivo para que las generaciones futuras del percentil más bajo suban algunos escaños. Este artículo es bastante ilustrativo:
http://www.nytimes.com/2002/05/02/business/02SCEN.html
Creo que se puede tener una vida digna sin saber leer y escribir (ahí tienes a Sócrates, que supo ver las trampas del libro), pero no sin tener qué comer. México gasta más en alfabetización que en comida, pero una vez entrados en gastos, ya no se invierte en bibliotecas para practicar esta alfabetización democratizante. (Repartir dinero en efectivo para que cada quien se compre lo que necesite, sería más útil, pero “los pobres sólo piensan en emborracharse”.)
Con los libros tienes razón, Juventud en éxtasis y Cien años de soledad son el segundo y cuarto libro más popular según la encuesta de Conaculta. Pero los números que pongo no son del mexicano de a pie. Son del universitario, el Jedi del conocimiento. Que éste no lea, le rompe la madre al país, porque así nunca vamos a tener del tipo de nerds, que con un libro o un manual, desarrollan tecnología, sin tener que saber historia ni geografía (ni tener que pasar por la universidad). El universitario que no lee, está encadenado a la ignorancia de sus maestros, y empieza a ser productivo (si lo es alguna vez) a una edad que lo deja fuera de la jugada en comparación con otros emprendedores (como el güey de Firefox, o los de Mac, o el de Microsoft, o el de Blogger, o el de Paypal). Ni la tele ni el radio pueden distribuir saberes especializados: económicamente no es viable ocupar su espacio para llegar a los pocos interesados; el libro es negocio (todavía) incluso en los temas más oscuros. El internet es otro rollo (que seguro le rompe el queso a todos los demás).
El programa de Oportunidades funciona, pero tiene detalles que sólo se ven en “vivo”: las “mujeres de oportunidades” son como Antorcha Campesina: llenan salones; acuden al campanazo; se les pasa lista en la escuela y el médico, pero también en discursos, marchas, plantones y elecciones. Además, para obtener el beneficio, tienen que comprobar pobreza, abandono, sumisión; y lo que es peor: las escuelas no alcanzan para todos los niños, por lo que una mamá que no tiene a su hijo en la escuela (aunque necesite la ayuda), ya valió gorro. Mucho del costo de implementación lo pagan las mujeres: filas, procesos engorrosos, “regalos”, trabajo comunitario (léase mano de obra gratis).
La educación “escolarizada” es más demagógica que útil: para ser estibador ya piden secundaria; para secretaría de consultorio, la prepa; y para dependiente de farmacia, hasta licenciatura. Y todo porque el patrón se puede dar el lujo de escoger, no porque se necesite tanto “conocimiento”. (Conocimiento que en las pruebas ha resultado falso: los preparatorianos no saben leer, y los de secundaria y primaria andan casi al nivel de los chimpancés en habilidades matemáticas.)
Favorecer al universitario (postura de izquierda) para que derrame servicios profesionales al más amolado, es como favorecer al gran empresario (postura de derecha) para que derrame empleos al más amolado. Al final el amolado sigue amolado, y las rebanadas grandes son para el universitario y el empresario. Neta está cabrón.
Qué tienes ahí, una biblioteca entera digitalizada!? Jaja. Founders at Work es un excelente libro. Tal vez ya conozcas a Paul Graham, todos sus ensayos son interesantes: http://www.paulgraham.com/articles.html (lo menciono porque está entrevistado en el libro, y porque está conectado con la publicación del libro en maneras que me da hueva explicar). Pues este wey tiene algunos artículos sobre cómo se genera la riqueza, y vienen mucho al caso en esta conversación.
Regresando al tema de la brecha económica, no estoy seguro por dónde comenzar. (1) Dices que la escolaridad en realidad sirve de poco, porque conforme aumenta la oferta de gente calificada estos se desparraman a puestos para los que están sobrecalificados.
Luego (2) el nivel de educación es tan bajo que más bien podríamos decir que la educación pre-universitaria es una guardería donde echar a los menores de 18 en lo que sus padres se van a trabajar.
Lo lógico sería comenzar por reformar por completo el sistema educativo (2) que se ha intentado y resultó en una huelga nacional de maestros.
Francia hace algo curioso: todos los maestros de primaria y secundaria son empleados del estado, incluídos los de las escuelas privadas. La teoría detrás de esto es que los ricos tienen proporcionalmente más voz y presionan más para que sus hijos reciban una educación decente. No me parece demasiado descabellado.
Aunque Finlandia es siempre rankeado como el mejor del mundo, si le echas un ojo a un ejemplo de sus exámenes seguramente te darás cuenta de la enorme diferencia con los nuestros:
http://s.wsj.net/public/resources/documents/WSJ_080228_sciencetest.pdf
Chingona la recomendación de Paul Graham, nunca había leído un texto suyo (lo conocía por la historia de Viaweb). Y de lo de la biblioteca digitalizada, ahí está, al servicio de la comunidad: Safari Books.
Ahora que veo el examen, entiendo más esta declaración de un güey de la OCDE: “el nivel educativo es tan deficiente que los jóvenes mexicanos confunden creencias populares con evidencias científicas”. Ni qué decir de la calidad educativa, ya tenemos suficiente con la posible huelga del sindicato de electricistas, petistas, perredistas y demás banda, para que nos caiga otra huelga con goce de salario por un intento de renovación. (“Se puede planificar, pero no detener, el deterioro de dos cosas que van a seguir empeorando en México: el tráfico y la educación superior.”) Yo tengo mi fe puesta en la educación descentralizada, como tu blog, los wikis, los libros, las revistas, y todo lo que permita la entrada de varias voces. De los franceses prefiero el ejemplo de la ley del libro (que ya tenemos en México, pero que ni funciona, ni importa).
Así como sintetizas mis puntos me parece perfecto, sólo cambiaría algunos términos: guardería por cerezo (centro de rehabilitación social) y calificada por sobre escolarizada, además de incluir la universidad dentro del periodo de “guardería” (ya dice el dicho: “realmente aprendí hasta después de entrar a trabajar”).
El modelo educativo mexicano parece simple: todos los mexicanos con título universitario. ¿Cómo vamos a llegar él? Metiéndole todo el varo del mundo. ¿Para qué queremos llegar a él? No tengo idea. En el México de los campesinos y obreros, la educación fue el medio para lograr la independencia tecnológica (de los patrones extranjeros y de los patrones nacionales educados en el extranjero); en el México de la sustitución de importaciones, la educación era el camino a la independencia económica (todo hecho en México por mexicanos); en el México neoliberal, la educación era el medio para competir con los mejores del mundo, pero como no pudimos ser el México de las exportaciones, nos convertimos en el México de las maquilas, donde ofrecíamos personal cualificado a precios de Black Friday; ahora que estamos en el México de sálvese quien pueda, después de perder la batalla de la maquila con los chinos, parece que el modelo es el del México del micro changarro, en el que la educación debería ser el motor para crear una industria moderna bajo el esquema de guerrilla (descentralizada, de crecimiento por franquicias, con batallas continuas en los mercados emergentes y creación constante de nuevos changarros).
Si eliminamos los supuestos beneficios humanísticos, sociales y culturales de la educación, para sólo enfocarnos en los beneficios económicos, la educación pública seguiría siendo un fraude, pues aunque los números demuestran que se gana más teniendo un título universitario (nobiliario), el PIB de México se ha estancado desde hace casi treinta años (y ahora va de bajada); la educación sirve para jalarle la cobija a los demás (ignorantes), no para hacer más grande el colchón. (Aquí explicado mejor.)
Para bajar la pelota al ámbito del diseño, habría que recorrer un par de rutas: la educación del diseño, y el diseño para la educación, es decir: cómo se beneficia (o se perjudica) el currículo de diseño de la educación primaria y secundaria; cuál es el mínimo de conocimiento y habilidad (si es que no son la misma cosa) para licenciar a un nuevo diseñador; cómo preparar al alumno para conseguir este mínimo; cómo el profesionista del diseño beneficia a los alumnos de los tres niveles educativos; como se establecen objetivos en el diseño para la educación; cómo se miden estos objetivos; cómo se cobran, a quién y en qué mercado. En fin, todos esos temas que sólo se tratan en blogs diseño-onanistas (como el de Duopíxel).
Ora, sí está chingón este pinche blog.
Lo que uno descubre cuando no tiene nada que hacer. Ah, y también porque ya era el enésimo intento de un proyecto que ora sí se concluyó.
No como el muro del xixarrs, la revista de la gordis, la plataforma interesante… etc, etc,etc.
Nel, esto todavía está beta, por eso sigue funcionando. No conjures a la mala suerte.
¿que no conjure mala qué?
Y shuaaaaa…. que se acaba.
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